El tayta
comprendía muy bien que ante la violencia de la represión que nos aplasta, era
inevitable y deseable la rebelión. Pocos días antes de su muerte mencionó que
al escribir “Los Ríos Profundos” imaginó una rebelión indígena para obligar al
cura a realizar una misa contra la peste en su comunidad, y pensó que si así se
rebelaban para exigir una misa, con cuánto ímpetu más se rebelarían contra la
opresión de los gamonales.
Por eso le emocionó nuestra rebelión contra los
hacendados a quienes quitaron las tierras los que las trabajaban.
Arguedas quería mucho nuestra cultura, le apenaba
su debilitamiento causado por la migración de los quechuas a las ciudades,
entre otras cosas le preocupaba que nuestra lengua, oprimida, se fuera
perdiendo.
Esa
paulatina aculturación ha continuado después de su muerte. Ahora hay una fuerte
agresión a nuestra cultura. Debemos entender que cultura no es sólo la música,
la danza, la lengua. Es todo un estilo de vida.
Llevamos
la herencia de 10 mil años de cultura agrícola, somos uno de los 8 centros
mundiales de especies comestibles domesticadas, nuestros antepasados nos han
legado 182 especies domesticadas, tenemos 3 mil variedades de papa. Además está
el conocimiento del manejo de la agricultura en los diversos pisos ecológicos
andinos, con gran variedad de microclimas.
Toda esa cultura al servicio no sólo de nosotros,
sino de la humanidad, está gravemente amenazada por la voracidad de las grandes
compañías multinacionales que gobiernan el planeta a través de su política
neoliberal, para cuya práctica ponen de rodillas a los gobiernos del mundo.
Atacan nuestro ámbito agrícola en nombre del
“progreso” (progreso de los caudales de dichas compañías). Considero
inseparable recordar a Arguedas y apoyar las actuales luchas en defensa de
nuestra cultura.
Ataques a la naturaleza
Son muchos los ataques del gran capital a la
naturaleza: La energía atómica, la emisión de gases de efecto invernadero, la
perforación de la capa de ozono, la pesca de arrastre, la construcción de
autopistas, etc. En el Perú los principales son:
Minas a cielo abierto
Son más perjudiciales que las de socavón, pues
destruyen una montaña para sacar un poco de metal. Roban el agua de la
agricultura y del uso directo y le agregan sustancias químicas para extraer el
metal, muchas de esas sustancias son venenosas y matan plantas, peces, el resto
de la fauna acuática y seres humanos.
A veces tienen estanques donde acumulan los relaves
con el agua usada, muchas veces éstos se desbordan envenenando ríos, otras
veces éstos se envenenan por las filtraciones subterráneas. Por eso es
completamente correcta la voz “¡Vida Sí, Minas No!”.
Centrales hidroeléctricas
Que en mínima escala son usadas por las familias en
forma doméstica, aunque ese es el pretexto para construirlas. Su destino fundamental
es la gran empresa, incluyendo la minería.
Roban el agua de uso doméstico y el usado por la
pequeña agricultura que nos da el alimento diario. Además el cambio del curso
de los ríos es un ataque a la naturaleza que altera el clima (caso de Canchis
en el departamento del Cusco).
Por otra parte, en el caso del proyecto de
Inambari, debía desalojarse centenares de familias campesinas, indígenas y no
indígenas, de sus hogares y tierras de cultivo, pertenecientes a tres
departamentos a los que los mantienen, para construir una gran represa, con el
objeto de dar electricidad a Brasil.
Agroindustria y la industria de crianza de animales
Está constituida por la llamada “industria
alimentaria” y por el cultivo de “agro combustibles” que sirven para alimentar a
los carros.
Es gran depredadora del medio ambiente, porque usa
grandes extensiones para cultivar año tras año el mismo cultivo (monocultivo) y
por el uso intensivo de agroquímicos (fertilizantes, insecticidas, herbicidas).
Con esto mata el suelo cultivable, mata la flora y mata la fauna (mueren las
aves porque no hay insectos) pero no le importa matarlo, porque después irá a
otro país u otro continente para seguir matando el suelo.
En general trabaja para la exportación, por ejemplo
cultiva espárragos y alcachofas, que usan mucha agua, se beneficia del TLC con
Estados Unidos para pagar poco o ningún impuesto de importación a ese país.
Roba el agua de agricultores que trabajan para
alimentarnos (caso de Espinar en el Cusco que lucha contra el proyecto agroindustrial
de Majes –Sihuas).
Otro daño de esta industria es que, a diferencia
del pequeño productor agrícola que mejora su producción atendiendo a las
necesidades del consumidor, la agroindustria usa la técnica y la ciencia para
aumentar la ganancia del gran capital, sin importarle si mata al consumidor.
Por ejemplo, hay una hormona que ponen a las vacas
para que den más leche, esa hormona produce cáncer a quien toma la leche, pero
eso no importa, la ventaja es que da más dinero al dueño de las vacas. Esto sucede
con toda la “industria alimentaria”, está provocando muchos males a los
consumidores.
Quienes nos alimentamos de los productos de los
pequeños campesinos tenemos la ventaja de estar libres de ese peligro, pero no
totalmente, pues usamos aceite, gaseosas, y algunos consumen mantequilla,
pollos “de fábrica” y comida chatarra.
En el Cusco sé qué comer: tarwi (chochos), qañiwa,
kiwicha, quinua, que me nutren magníficamente y en forma sana. Cuando estoy en
Europa ya no sé qué comer. Los supermercados me proveen de productos
agroindustriales muy atractivos a la vista, pero mortales.
Por último, la agroindustria superexplota a los
trabajadores agrícolas pues ha conseguido una legislación muy discriminadora
contra ellos.
Resistencia
Todos los habitantes del país somos víctimas de
este ataque, sin embargo, quienes reaccionan y luchan contra él son los
directamente agredidos, los campesinos; entre ellos, quienes más luchan, son
las poblaciones indígenas como los awajun y wampis en Bagua y los aymaras y
quechuas en Puno. En la población urbana tenemos los casos de Moquegua y Tacna.
La lucha de los indígenas es fuerte, pues la
agresión no es sólo económica sino que destroza su mundo, tritura su cultura
agrícola. Al quitarles el agua y el territorio, les quita su mundo, extermina
su cultura. Los expulsa a las ciudades para convertirlos en vendedores
ambulantes, prostitutas y ladrones.
Ahí tendrán que avergonzarse y olvidar su idioma,
su música, sus bailes, su fraternidad. Muchos en las ciudades se resistirán a
abandonar su cultura, pero deberán nadar contra la corriente.
El ataque del gran capital contra los indígenas no
es sólo contra la naturaleza, es también contra su organización comunal,
colectivista, solidaria y democrática (“ayllu” en quechua y aymara). No fue casualidad
que Fujimori en el Perú y Salinas en México dieran casi simultáneamente leyes
para disolver las comunidades, ni es casual que entre los decretos ley de Alan
García unos ataquen a la naturaleza y otros a la comunidad. Los patrones de
Fujimori, Salinas y García, saben que la comunidad es la herramienta de defensa
de la naturaleza.
Esa defensa indígena de la Madre Tierra ha resonado
en el mundo. Los catalanes ecosocialistas hablan de “Pachamama” (Madre Tierra
en quechua), la revista de los Verdes en Francia se llama “Pachamama”.
El ataque a Pachamama fortalece al ayllu. Fortalece
el criterio del llamado “buen vivir”, el criterio ético de que la felicidad no
consiste en la acumulación de riqueza económica sino en vivir
satisfactoriamente.
Fortalece el amor a los antepasados y
descendientes, pues se piensa que lo que nos dejaron nuestros mayores tenemos
que legar a nuestros descendientes y por lo tanto es nuestra obligación
defender esa herencia con nuestra vida. Crece el respeto a la diversidad pues el
awajun entiende que el shipibo y el machiguenga son sus compañeros de lucha y
por lo tanto sus hermanos.
¡Cuán feliz se sentiría el tayta José María al ver
que la defensa de Pachamama está vigorizando los otros aspectos de nuestra
cultura! ¡Cuán feliz se sentiría al ver que es cada vez menos la vergüenza y
cada vez es mayor el orgullo de sentirse indígena! ¡Cuán feliz se sentiría de
comprender que no sólo el indígena recupera y fortalece su cultura, sino que la
humanidad ha llegado a una etapa en que si no asume como suya la cultura
indígena, no sobrevivirá 100 años más!
Los amos del mundo, las grandes compañías
multinacionales, no piensan detener el calentamiento global ni los otros
ataques a la naturaleza, su único principio sagrado es ganar la mayor cantidad
de dinero posible, en el menor tiempo posible.
Probablemente les molestará el que sus nietos ya no
van a tener agua, pero ¿Qué van a hacer?, no por esa “pérdida colateral” van a
dejar de cumplir su gran principio moral. No podemos esperar nada de los
gobiernos que no son más que sus sirvientes, aunque sean de “izquierda” como
Bachelet en Chile, Zapatero en España o Papandreou en Grecia.
La única esperanza es que la humanidad asuma la
ética indígena y así podrá salvarse.
Afortunadamente algo de eso estamos viendo: En
Alemania, una cadena humana de 120 kilómetros obligó a la Merkel a prometer que
cerrará las plantas atómicas. ¡Así se defiende a Pachamama! En Santiago y todas
las grandes ciudades de Chile hubo gigantescas manifestaciones que lograron que
se anule el proyecto de hacer 4 hidroeléctricas en la Patagonia. Entró una
cabalgata a Montevideo para protestar por el deterioro de la naturaleza. En
días pasados los italianos se enfrentaron valientemente a la policía en contra
de la instalación de un tren de alta velocidad en Val di Susa que atacaría a la
Madre Naturaleza.
¿Y el ayllu? Lo hemos visto en forma gigantesca
derribar las dictaduras de Túnez y Egipto. Lo hemos visto en Puerta del Sol,
Madrid y varias plazas españolas gritando “¡Democracia real ya!”. Lo hemos
visto en la Plaza de Sintagma en Atenas. Lo hemos visto hace pocos días en el
barrio de Lavapies en Madrid expulsando a la policía que pretendió capturar un
indocumentado. Todo el ayllu del barrio se levantó en defensa de un “aylluruna”
(miembro del ayllu); al grito de “¡Ningún ser humano es ilegal!” sus
“ayllumasikuna” (compañeros de ayllu) hicieron correr a un gran contingente
policial.
¡Cuánto le alegraría al tayta José María esa
extensión planetaria de la cultura indígena, de la ética indígena!
Lastimosamente en el Perú la mayoría de la gente
urbana todavía ve como ajena a ella la lucha de los pueblos indígenas en
defensa del agua y de la madre tierra.
*Hugo Blanco
Lider Historico del Campesinado
Texto basado en la breve disertación Arguedas y la
lucha actual en defensa de nuestra cultura, dada el 2 de julio de 2011 en el
Simposio Internacional “José María Arguedas en Cusco” realizado en la
Municipalidad Provincial del Cusco Peru
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