lunes, 29 de febrero de 2016

LIDER AWAJUN SIN JUSTICIA Y SIN SALUD PERU


El viernes pasado, cuando supe que a Santiago Manuin le habían amputado la pierna, recordé que lo conocí a la semana de la tragedia de Bagua en el Hospital Las Mercedes de Chiclayo. Yo había escuchado hablar sobre él desde la primera vez que fui a Nieva, en 1992. Las religiosas y los jesuitas lo admiraban mucho debido a su compromiso con los derechos humanos y con su pueblo. Había estudiado en Navarra y Ginebra y había logrado evitar que narcotraficantes y terroristas llegaran a la zona awajún.
En aquella ocasión, me causó mucha tristeza encontrar a un hombre tan admirable postrado en la cama de un hospital. Ocho balazos de la policía le habían perforado el abdomen. Había sufrido una septicemia hospitalaria pero, después de tres operaciones y que perdiera cincuenta centímetros de intestinos, parecía por fin viable su recuperación. 
Recuerdo que uno de sus hijos advirtió una pequeña hemorragia bajo las sábanas. Avisó a las enfermeras, que después de mucho tiempo intervinieron. Entretanto, Manuin insistía en colocarse los anteojos, para leer una revista sobre el medio ambiente. 
- Quería los periódicos – me confió un amigo suyo – pero para su salud no sería recomendable.   
Días después, cuando recién supo que 23 policías habían sido asesinados aquel fatídico 5 de junio, lloró ante la tragedia que en vano había intentado impedir.    
Afuera de la sala del hospital vigilaban dos policías, vestidos de civil. Días después de mi visita, esposarían a Manuin a su cama, como si tuviera fuerzas para fugar.    
Cuando conversé con él, le hablé sobre las marchas y las vigilias que se realizaban por los awajún en diversos lugares del país. Muchos pensamos que por fin se había despertado la consciencia sobre las necesidades de los pueblos amazónicos.     
Meses después, encontré a Manuin en una conferencia en Lima sobre el derecho a la consulta previa. Se le veía más delgado, pero parecía que estaba logrando volver a su vida normal.   Yo no sabía entonces que él tenía diabetes, que se había agravado por sus heridas. Tampoco imaginaba que a la violencia del régimen de Alan García sucedería la torpeza del Poder Judicial y el Ministerio Público.  
En mayo del 2014 comenzó el juicio por los sucesos de Bagua. No se juzga a ningún político ni policía por los nativos y campesinos asesinados, pero sí a Manuin y otros 52 acusados de la muerte de los policías. Un desatinado fiscal ha pedido cadena perpetua para Manuin, acusándolo de homicidio calificado, pese a que los hechos ocurrieron cuando se encontraba malherido e inconsciente. Es más, hasta se le acusa por la masacre ocurrida en la Estación 6, a cientos de kilómetros. 
El juicio es una sucesión de desatinos: no hay ninguna prueba o indicio para incriminar a los dirigentes awajún y wampís que están siendo juzgados y muchas personas creen que todo es una forma de humillar y doblegar a los indígenas. Ellos deben viajar durante días para cada una de las audiencias, a costos elevadísimos. El Poder Judicial ha rehusado el pedido de la Defensoría del Pueblo de que el tribunal tenga dedicación exclusiva.
Durante las primeras audiencias no hubo intérpretes y solamente después de un año, se autorizó que a los acusados se les tradujeran las diferentes intervenciones de los magistrados.  Casi todos los acusados fueron golpeados por la policía y obligados a incriminarse durante aquellos trágicos días del 2009. Los magistrados y fiscales realizan una serie de preguntas hostiles hacia los indígenas. No se sabe si actúan así por el menosprecio que tantas personas sienten hacia los awajún, percibiéndolos como atrasados y violentos, o porque intencionalmente buscan maltratarlos.
Es impresionante cómo, pese a todo lo que padeció y sigue padeciendo, Manuin no tiene palabras de rechazo hacia el Perú, sino que solamente pide justicia. Por ello, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos le otorgó el Premio Nacional de Derechos Humanos 2014.
Su situación, sin embargo, se ha deteriorado complicado desde la semana pasada, cuando sufrió la amputación de una pierna debido a complicaciones de la diabetes. Ahora se encuentra internado en la Clínica del Pacífico en la ciudad de Chiclayo. 
Es indignante que los responsables de tanto sufrimiento no sean procesados y ni siquiera puedan pedir disculpas. En el texto que sigue, el propio Manuin señala la responsabilidad de varios de ellos. Entretanto, va a participar en las elecciones como candidato por el Frente Amplio a la región Amazonas
Entretanto, este mes, los perjuicios del Estado hacia los awajún se reanudaron con el derrame de petróleo de Petroperú. El gobierno de Humala ya termina y para Manuin y los awajún la justicia se encuentra todavía muy lejos.   Tomado de SERVINDI.

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