sábado, 26 de marzo de 2016

VOLVIENDO A NUESTRAS RAICES ANDINAS



 

Jaqi en aymara y runa en quechua son términos muy importantes para nosotros, significan “gente”. Se llama jaqi o runa a aquella persona, varón o mujer, que ha logrado consolidar su relación de pareja, ha comprendido la responsabilidad de asumir una relación y por lo tanto ha comprendido la vida. Porque la vida se genera después de la complementariedad chacha-warmi, o warmi-chacha. Pero esa complementariedad, no es en cualquier momento, ni con cualquier persona. Para los pueblos originarios el rol chacha-warmi, es muy importante pero no solamente para tener un equilibrio de género, estamos hablando de esposo-esposa, por eso para nosotros, el matrimonio es muy importante, es sagrado.

La estructura del ayllu (comunidad) está sustentada no por personas aisladas, sino principalmente por familias, específicamente por parejas; porque en la vida concebimos que todo es “par” y esa complementación es importante para que cada parte pueda expresarse plenamente; tanto el hombre como la mujer deben expresarse desde su naturaleza. En ese sentido toda autoridad debe tener su pareja, pero no sólo para que esté acompañado (a), sino para que ambos ejerzan el cargo. Se convierten en papá y mamá del ayllu; mallku y mama t’alla. 

Esta institución permite también la solidez de la familia y desde esa solidez poder reorientar a todos en el ayllu. Desde nuestra cosmovisión decimos: cómo alguien puede pretender unir a la comunidad si ni siquiera ha logrado unir algo tan básico y fundamental como su propia familia. Si ha logrado cohesionar su relación de pareja es capaz de comprender la vida y por lo tanto es capaz también de unir a la comunidad, como un chuyma, como un eje articulador. Las fuerzas, las energías de quienes viven en pareja son importantes para re-unir a la comunidad.

Occidente, que en su afán de desarrollo, de progreso, de modernidad, promueve la cultura desechable, fomenta también las relaciones desechables y entre chistes, frases y canciones descalifica el matrimonio; hoy en día hay muchas personas que han optado por quedarse solos y por vivir relaciones libres y sin compromiso. Algunos movimientos incluso han desvalorado abiertamente en los últimos años a la familia, escudándose en el rechazo al machismo, motivando a las relaciones promiscuas y desordenadas. Pero eso está dañando mucho a las familias y en particular a los hijos que despiertan en la realidad de no contar con una familia sólida. Si no tiene papá o no tiene mamá, qué modelo de vida va a tener, seguramente siendo adulto va a repetir esa figura en su vida y no va a ser capaz de consolidar su propia familia. No podemos engañarnos, la sociedad hoy en día está en crisis, porque también hay una crisis de valores. Para nosotros la unión entre un hombre y una mujer es sagrada, por lo tanto hay que ser responsable; porque esa relación es para siempre. Este valor de saber que cada unión es sagrada, es importante reconstituir, recuperar, especialmente en las “sociedades modernas”, para recuperar también el valor que tiene la familia y luego el valor que tiene la comunidad.

Hasta ahora bajo el influjo del pensamiento occidental, se ha dado lugar a que solamente los varones ejerzan cargos como autoridades y últimamente en un afán de igualar al varón, están apareciendo también mujeres como autoridades, pero totalmente desarticulados de la familia y de la pareja en particular, por lo tanto no hay ninguna fuerza que coadyuve a las autoridades a unificar a quienes representan.

Nos encontramos en un momento muy importante de la historia, del proceso de cambio, un tiempo de transición y tenemos que tener claro hacia dónde tenemos que ir en el horizonte de nuestra identidad, en el horizonte de recuperarnos a nosotros mismos, nuestra cultura, nuestros valores y por lo tanto nuestra fuerza.

¡Jallalla¡
Fernando Huanacuni Mamani

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