lunes, 18 de abril de 2016

EL INJUSTO ORDEN INTERNACIONAL Y LA CRISIS ALIMENTARIA


Hay varias muestras del actual fracaso del modelo económico y financiero mundial, tal vez la más importante y menos abordada es la “crisis alimentaria”. Aun cuando este modelo muestra cifras favorables en el incremento de producción de alimentos generados de la intensificación de los monocultivos, la propia FAO reconoce que el crecimiento económico no es suficiente para acelerar la reducción del hambre y la malnutrición (FAO, 2012).
El aumento del hambre en el mundo se incrementa día a día, los países emergentes tampoco se salvan de esta situación, porque el hambre es también resultado de las inequidades en la distribución de la riqueza, lo cual en estos países se va incrementando. Son especialmente estos países que vienen ciñéndose obedientemente a las políticas de liberalización económica implantadas por la OMC a nivel global, provocando la crisis en el sector agrario, la mercantilización de los alimentos y la inseguridad alimentaria.
La liberalización de los mercados a nivel global, ha incluido también a la agricultura de manera que se puede comercializar los alimentos en cualquier parte del mundo y priorizar su producción en los lugares que posibilitan producir a menor costo, lo que provoca también impactos en la distribución del trabajo a nivel mundial. EHNE Bizkaia, organización de la Vía Campesina, nos muestra cifras reveladoras; así un cerealista que produce 1.500 toneladas utilizando tecnología de punta en Europa o América del Norte, se enfrenta con el agricultor africano que apenas produce dos toneladas. Del mismo modo, se contraponen, la agricultura en los países ricos que recibe 360.000 millones en subsidios de sus estados, frente a la agricultura de los países pobres que no reciben ayuda. Se enfrentan también los 28 millones de campesinos y campesinas que trabajan la tierra con tractores, frente a los 250 millones que lo hacen con ganado. (EHNE, 2012.)
Por otro lado, el impulso de la producción de agrocombustibles e industria de carburantes como los explica Efren Areskurrinaga, ha permitido que las grandes transnacionales de los países ricos de la OCDE se beneficien con las inversiones en alimentos, lo que a su vez ha contribuido a elevar la demanda de los precios de los alimentos, encareciendo su producción y además desviando el fin de la actividad agraria que es la producción de alimentos, y no de combustibles.

Movimiento Internacional Vía Campesina. Foto: Erika Chávez
Por su parte, la Vía Campesina, como uno de los movimientos emancipadores de mayor representatividad a nivel global, considera que esta crisis alimentaria no se debe a la capacidad productiva del sector agrario, esta crisis viene siendo provocada principalmente por factores de especulación y acaparamiento de alimentos en las que las transnacionales tienen gran parte la responsabilidad, lo que viene generando “injusticias globales”, en las que algunas personas comen demasiado, mientras que otras no tienen dinero para adquirir los alimentos adecuados, y/o carecen de tierras donde producirlos, y fomentan políticas nefastas como la promoción de los agrocombustibles que orientan la producción agrícola a la alimentación de automóviles y no de las personas. (Vía Campesina, 2011)
En este contexto, el rol de la OMC es cuestionable y “devastador”, como lo dicen los campesinos del mundo reunidos en la Vía Campesina, ya que la agricultura que la OMC promueve a través de sus políticas es la “agricultura especializada, industrial intensiva, orientada a la exportación”, con prácticas que alteran el equilibrio ecológico ambiental. La OMC solo ve los alimentos como una mercancía, y al mundo como un mercado que demanda cantidades homogéneas en gusto y sabor de alimentos, negando así el derecho a la alimentación a alrededor de 1.000 millones de personas que pasan hambre, de los cuales dos tercios son campesinos y campesinas. El hecho es que, bajo las leyes de este sistema, los alimentos se desplazan, dentro de la economía global, de las áreas de pobreza y hambre, a las áreas de dinero y abundancia.  (Vía Campesina, 2011)
En efecto, estas políticas neoliberales de la OMC, vienen devastando la principal fuente de generación de alimentos que es la agricultura en pequeña y mediana escala, así como la agricultura familiar, que por siglos ha sostenido la alimentación de los pueblos. La agricultura indígena/campesina cada vez se ve amenazada por el predominio de las tierras que el agronegocio viene acaparando, controlando la mayoría de las tierras arables y de mejor calidad; y consumiendo irracionalmente los recursos como el agua. Por este fenómeno impulsado desde los años 80 con las políticas neoliberales, hoy en día la agricultura de pequeña escala controla menos de la mitad de las tierras agrarias, sin embargo produce gracias al trabajo de los campesinos y campesinas el 70% de los alimentos consumidos a nivel mundial.
Es más, el rol que desempeña el sector agrícola en los países del Sur es fundamental, la agricultura tiene un peso muy alto en la actividad económica de estos países y supone la principal ocupación de la fuerza de trabajo, además de ser la principal actividad económica de divisas. Se tiene por ejemplo que la aportación que realiza el sector agrícola al PBI de las distintas economías del Sur, es mayor en aquellos países de menores ingresos como los países menos adelantados y es menor en los países de mayores ingresos.
La agricultura en los países del Sur se ha visto afectada por la globalización neoliberal, Arreskurrinaga señala dos procesos principales a los que los países pobres tuvieron que someterse. Primero, los programas de Ajuste Estructural y segundo, la liberalización comercial a través de los acuerdos de la Octava Ronda de Negociaciones del GATT (Ronda de Uruguay, 1986 a 1994).
Recordemos que para la negociación de las deudas externas, el FMI y el Banco Mundial, establecieron como condición el impulso del desarrollo a través del “crecimiento económico” en el marco de la liberalización de mercados. Lo que se pretendía era que los países deudores pudieran acumular divisas para pagar su deuda, esto impactó de manera negativa en la agricultura debido a que para alcanzar el equilibrio macroeconómico, estos países adoptaron un enfoque recesivo de contención de la demanda agregada, que se traduce en reducciones correspondientes del gasto público incluido el sector agrícola. Así mismo debido a la liberalización externa, estos países comienzan a priorizar la producción de productos agrícolas que tengan salida en los mercados internacionales frente al mercado interno, una clara orientación exportadora, ya que se tienen que obtener divisas para la deuda.  (ARRESKURRINAGA, 2008). De este modo la alimentación pasó a ser responsabilidad del comercio internacional de alimentos.
Por otro lado, el segundo aspecto que impacta en la agricultura a nivel mundial es la demanda que hacen los paises ricos para que la OMC tome acuerdos sobre Agricultura en las negociaciones comerciales internacionales, en el marco de la Ronda de Uruguay en 1986. Como se sabe años atrás en virtud de la “autosuficencia alimentaria” se impulsó la producción nacional de alimentos implantando barreras  a las importaciones de alimentos de los países del Sur, pero protegiendo con subsidios  su agricultura. El Sur no pudo aprovechar sus ventajas competitivas, haciendo de su gran dependencia de las exportaciones de materias primas un obstáculo casi insalvable para su desarrollo. De hecho, la competencia desleal en los mercados internacionales de los fuertemente subvencionados productos alimenticios del Norte condujo a reducir la producción local en muchos países del Sur y a incrementar su dependencia alimentaria, al tiempo que introducía hábitos de consumo occidentales mucho menos sostenibles que los autóctonos. (HEGOA).
Luego los países del Norte demandan la necesidad de liberar el sector, para que ellos con sus ventajas comparativas puedieran entrar libremente a los mercados de los paises del Sur y colocar sus productos agrícolas, atraves de los Tratados de Libre Comercio. Las medidas proteccionistas de los Estados de los paises ricos a su agricultura permitieron que se tenga excecentes agrícolas que luego se colocaron en los mercados internacionales a precios bajísimos, obviamente entrando en competencia con la producción local de los paises del Sur, condenando de este modo, como dice Arreskurrinaga, a las zonas rurales de estos países a un círculo viciosos de pobreza caracterizado por bajos precios agrícolas, bajos salarios y baja productividad.
Todas estas condiciones han hecho que se desarrolle un sistema alimentario mundial a base de la agricultura industrial la cual como se sabe, funciona mediante la conversión de petróleo en comida, produciendo en el proceso cantidades enormes de gases con efecto de invernadero. El uso de inmensas cantidades de fertilizantes químicos, la expansión de la industria de la carne, y la destrucción de las sabanas y bosques del mundo para producir mercancías agrícolas son en conjunto, responsables de por lo menos 30% de las emisiones de los gases que causan el cambio climático. (RAIN, 2009)
Por otro lado, la movilización de estas “mercancias alimentarias” por el mundo supone un proceso complejo de procesamiento, almacenamiento y congelación lo que genera pérdida considerales de energía fósil, que a su vez contribuye a agudizar la “crisis climática”. Con esto el actual sistema alimentario en manos de las transnacionales y con el respaldo de la OMC, que controlan la cadena alimentaria mundial y el comercio internacional de los alimentos, que mueve diariamente cantidades inmensas de dinero, podría ser responsable de cerca de la mitad de las emisiones de los gases con efecto invernadero.  (RAIN, 2009).
Frente a esto, diversos movimientos emancipadores en diferentes partes del mundo, vienen alertando y haciendo acciones de incidencia poltítica importantes para poner límites y transformar esta realidad. La Vía Campesina, como movimiento global plantea la Soberania Alimentaria como una propuesta que remplace este nefasto modelo corporativo y librecambista. Los campesinos del mundo amenazados por este sistema reclaman a los Estados la urgente emancipación de la OMC y la recuperación de su poder para tomar decisiones respecto a sus producciones locales de acuerdo a sus demandas internas, y no quedarse dependiendo de las leyes internacionales establecidas por la OMC las que favorecen unicamente a los países ricos.
Está demostrado que los sistemas industriales del agronegocio no son los más productivos, la Vía Campesina con esfuerzos propios ha levantado estudios en diferentes partes del mundo los que demuestran que las pequeñas fincas son más productivas que las grandes y los sistemas “agroecológicos”, “sostenibles” y/o “orgánicos” son tan productivos, y en muchos casos, más productivos que los monocultivos dependientes de insumos químicos, además los sistemas más productivos por unidad de área son los sistemas agroecológiocos, altamente integrados, que tiene la pequeña agricultura. (Vía Campesina, 2011)
Todo esto supone una mirada al pontencial del mundo rural, principalmente a los pueblos indígenas dedicados a la actividad agraria, supone reformas profundas, que fortalezcan el rol de las comunindades campesinas para que estas puedan seguir manteniendo sus tierras y recursos para producir alimentos en base a prácticas sostenibles.
 Articulo de .Erika Chávez Huamán Tomado de SERVINDI

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